
Cuando se forma un grupo , cada niño, cada persona con necesidades educativas especiales será incluido en ese grupo escolar, de la misma manera que lo serán aquellos que no las tienen.
Lo interesante para pensar es que la oferta debería poder incluir a todos. Si el fin de la educación es acompañar, favorecer a toda persona en crecimiento para que pueda desplegar al máximo todas sus potencialidades como ser humano y social; decimos que cada persona desplegará SUS potencialidades, o sea que hablamos claramente de DIVERSIDAD en todas sus formas, ya que no habrá un ser igual a otro. La diversidad es inherente a los seres humanos y nunca falta a clase; y la escuela es el escenario privilegiado para trabajar con ella: diversidad de ritmos, estilos de aprendizaje, intereses, motivaciones, sentidos.
Surge acá lo que considero, (desde mi experiencia docente individual ) que constituye un gran impedimento (discursivo) que tenemos los docentes: “no fui preparada para trabajar con chicos especiales”; “yo soy maestra común”…
Ese discurso que al principio nos paraliza, de todas maneras logra que, aquella que se anima, haga luego cosas maravillosas con ese niño; pero en forma individual; es decir, estamos acostumbradas a “medir” los logros de cada niño en forma estandarizada y hacemos lo mismo con éste… ¡y además con los mismos estándares del común!... y entonces descubrimos que a éste… ¡le falta!!
Mirado así parece un razonamiento obvio ,que cae por sí mismo pero a veces pasamos medio año, observando y midiendo, para decidir cómo actuamos con él o qué le enseñamos sin darnos cuenta que ese medio año ¡le estuvimos enseñando!
¿Habrá algo que la escuela “puede hacer” para compensar las dificultades del alumno?
Subyace a esta concepción, la idea de que las dificultades de aprendizaje tienen un carácter interactivo (en el sentido de que dependen tanto de las características de la personalidad de los alumnos como de las respuestas educativas ofrecidas).
Esto se entronca también con una nueva forma de pensar el seguimiento y la evaluación de los alumnos, ampliando la mirada hacia cuestiones como la interacción grupal; que incluyen tener en cuenta elementos como conocimiento mutuo, tolerancia, establecimiento de acuerdos, intercambio de opiniones, y que seguramente deben ser evaluados integralmente.
Quizás hablar un poco sobre esto , nos despeje el panorama… no?
Lo interesante para pensar es que la oferta debería poder incluir a todos. Si el fin de la educación es acompañar, favorecer a toda persona en crecimiento para que pueda desplegar al máximo todas sus potencialidades como ser humano y social; decimos que cada persona desplegará SUS potencialidades, o sea que hablamos claramente de DIVERSIDAD en todas sus formas, ya que no habrá un ser igual a otro. La diversidad es inherente a los seres humanos y nunca falta a clase; y la escuela es el escenario privilegiado para trabajar con ella: diversidad de ritmos, estilos de aprendizaje, intereses, motivaciones, sentidos.
Surge acá lo que considero, (desde mi experiencia docente individual ) que constituye un gran impedimento (discursivo) que tenemos los docentes: “no fui preparada para trabajar con chicos especiales”; “yo soy maestra común”…
Ese discurso que al principio nos paraliza, de todas maneras logra que, aquella que se anima, haga luego cosas maravillosas con ese niño; pero en forma individual; es decir, estamos acostumbradas a “medir” los logros de cada niño en forma estandarizada y hacemos lo mismo con éste… ¡y además con los mismos estándares del común!... y entonces descubrimos que a éste… ¡le falta!!
Mirado así parece un razonamiento obvio ,que cae por sí mismo pero a veces pasamos medio año, observando y midiendo, para decidir cómo actuamos con él o qué le enseñamos sin darnos cuenta que ese medio año ¡le estuvimos enseñando!
¿Habrá algo que la escuela “puede hacer” para compensar las dificultades del alumno?
Subyace a esta concepción, la idea de que las dificultades de aprendizaje tienen un carácter interactivo (en el sentido de que dependen tanto de las características de la personalidad de los alumnos como de las respuestas educativas ofrecidas).
Esto se entronca también con una nueva forma de pensar el seguimiento y la evaluación de los alumnos, ampliando la mirada hacia cuestiones como la interacción grupal; que incluyen tener en cuenta elementos como conocimiento mutuo, tolerancia, establecimiento de acuerdos, intercambio de opiniones, y que seguramente deben ser evaluados integralmente.
Quizás hablar un poco sobre esto , nos despeje el panorama… no?
Cuando leo la nota, me aparecen palabras que están en el Diseño, cuando habla de la integración educativa y se mencionan tres concepto: derecho, igualdad, diferencias. El derecho que todos tienen a aprender, la igualdad, no apuntando a que todos aprendan lo mismo, sino a que todos tengan posibiladades de aprender, y diferencias en sentido de educar desde lo que tiene, que sin duda es diferente a los otros, y no hablo solo de chicos con necesidades educativas especiales, porque en un punto todos los son, todos tienen una "educabilidad", un modo de aprender, y debemos brindar a cada uno las mejores prácticas de enseñanza, respetando sus diferencias. Me parece que tenemos que hacer una autoevaluación y ver que el Diseño propone un cambio, no es lo mismo de antes, y entre todos tenemos que ayudarnos a volver a pensar, revisar las prácticas, el modo de evaluar, las planificaciones, las estrategias..... todo!!!!, creo que es el momento de no dar las cosas por hechas, y cuestionarnos, de lo contrario realmente no estará cambiando nada, pero no porque la propuesta no exista, sino porque lo decretamos los docentes.
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