domingo, 23 de agosto de 2009

“La evaluación: que hay de nuevo?”





Parte I

Es necesario pensar el lugar que ocupaba la evaluación hasta no hace muchos años, la misma siempre estuvo relacionada con procesos de medición, acreditación o certificación, y rara vez con el proceso de toma de conciencia de los aprendizajes adquiridos o con las dificultades en su adquisición. El docente enseñaba aquello que iba a evaluar y los alumnos aprendían el tema o problema que formaba parte de las evaluaciones.
El debate educativo de ese momento dejo de ser un problema conceptual para convertirse en un problema técnico, dándole una relevancia mayor al instrumento en si (que se utilizaba para evaluar) que a la función de la evaluación.
El que evaluaba era siempre el docente; el evaluado era siempre el alumno, no se analizaban los errores de la evaluación, de sus instrumentos o de las estrategias de enseñanza Todo esto se encuentra aun hoy muy arraigado en la cultura docente.
Cuando observamos las prácticas pedagógicas en las escuelas advertimos que hay distintos criterios de evaluación. Algunos docentes aplican la evaluación sumativa, otros cuenta sólo lo actitudinal, otros ignoran estas cuestiones y siguen con el estilo tradicional de evaluación que se aproxima siempre mas a la consideración de resultados, en tres momentos al año (cuando lo pauta la normativa)
Para cambiar la cultura evaluativa es necesario comenzar a considerar la evaluación no solo como el lugar de información indiscutible respecto de los aprendizajes de los alumnos, sino como un lugar privilegiado para generar consideraciones de valor respecto de la propuesta metódica y los procesos del enseñar de los docentes.
Reconocer los momentos clave en donde una buena información acerca de las características del aprender nos ayuda a mejorar, focalizando los problemas, las dificultades, es uno de los grandes desafíos de hoy.
La evaluación es parte del proceso didáctico e implica para el alumno una toma de conciencia de los aprendizajes (del conocimiento) y para los docentes, una interpretación de las implicancias de la enseñanza en esos aprendizajes, a fin de generar inferencias validas en el proceso.
En este sentido, no es una última etapa, tampoco podemos pensar que es un proceso permanente. Carece de sentido una actitud evaluativa constante porque no permitiría desarrollar situaciones naturales de conocimiento y se desvirtuaría el sentido del mismo al transformar las prácticas en una instancia de evaluación permanente.
Buscar o diseñar actividades, problemas y su resolución, como la construcción de interrogantes validos que permitan conocer un campo de conocimiento, es lo que nos va a permitir cambiar el lugar de la evaluación como reproducción de conocimientos por el de la evaluación como producción.
Es importante, también, poder reflexionar al interior de cada institución: como cuerpo directivo, docentes, incluyendo el tema como herramienta para la mejora institucional. Por otra parte hay que saber que la evaluación es inherente a la calidad educativa. Una escuela que no incluya la evaluación como herramienta de mejora institucional tiende necesariamente al anquilosamiento.
Una evaluación democrática no se basa en un juicio único, sino que parte del criterio de que la vida social es conflictiva e interpretable de manera diversa. La evaluación supone un delicado equilibrio entre los poderes y los saberes.
No es un instrumento para construir culpables de los fracasos de la enseñanza o de las dificultades del aprendizaje. Es una instancia para mejorar colectivamente la actividad de enseñar y la tarea de aprender.

Publicado por Masso Graciela.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Evaluación... qué temita!!

La segunda mitad del año nos encontró en el jardín algo críticas, por eso nos pusimos a pensar y leer sobre evaluación, sin duda material hay mucho, y el diseño es muy claro, pero algo pasa a la hora de tratar de hacer que toda esa teoría quede impresa en la práctica, y así podiamos ver que en definitiva queriamos cambiar, queriamos hacer una evaluación narrada, para que sea más personalizada, pero necistabamos una guía, y entonces haciamos una pequeña lista que nos permitiera sostenernos de eso para evaluar, y el resultado era una hermosa grilla narrada, o la narración de una grilla, y lo peor es que se parecian bastante las de todos los nenes, y entonces nos dimos cuenta que estabamos fallando, sabiamos los objetivos de la evaluación, y un montón de palabritas sonaban en nuestra mente, insumo, retroalimentación, punto de partida, etc. Queriamos hacer algo que nos dejara satisfechas, y con permiso a equivocarnos, asi que investigamos, hicimos un pequeño marco teórico que sirva a las docentes, y que además les dé vocabulario técnico, porque a la hora de hacer evaluaciones narradas es muy importante como escribir, y pusimos la mirada en cómo aprende cada nene, que camino recorre, cuales son las estrategias que tenemos que implementar para que cada uno llegue al logro, toda esa información las docentes la tienen bien en claro, pero en general se escriben solo en las observaciones de cada evaluación, y pensamos que seria una posibilidad que cada docente haga un listado de los objetivos trabajados, y en base a eso evaluara desde la mirada del "cómo aprendió cada uno", encontramos que asi era impoible que aparecieran evaluaciones iguales, porque cada niño es individual, único, y además veiamos que no podiamos ofrecer a todos los mismo ya que tenian necesidades diferentes, ésta información sería realmente un insumo, un punto de partida, a la vez era necesario hacer una autoevaluación, rever nuestras prácticas, para mejorarlas, y para establecer desde donde y cómo continuar, y bueno en eso estamos, veremos como sale, por el momento seguimos investigando, al menos las seños escribirán con mas ganas y nosotras leeremos con otro ánimo, ya que realmente la información es útil, si tienen alguna idea sobre el tema seria bueno compartirla.

viernes, 14 de agosto de 2009

Una situación concreta para pensar...

B. es alumno de una sala de 4 años, que comparte con 28 niños. Ha concurrido al mismo Jardín desde la sala de 3 años, durante la cual, su conducta fue motivo de observación, ya que, desde mitad de año, cuando se consideró que el grupo se hallaba adaptado a la modalidad escolar, comenzó a mostrar dificultades de relación con sus pares que fueron cada vez más violentas,
Al iniciar la sala de 4 años, con sus mismos compañeros pero con otra maestra, sus dificultades persistieron y se agravaron. B. no puede permanecer mucho tiempo realizando las actividades propuestas al grupo y cuando llega al límite de su atención, cualquier cosa puede enojarlo mucho, reaccionando muy violentamente, mordiendo con mucha fuerza, arrojando cualquier juguete que tiene en la mano o levantando sillitas y tirándolas por el aire, con el consiguiente riesgo para todo el que esté cerca.
Se han realizado diferentes acciones “de prueba”, para poder trabajar con él, tales como:
separar al niño , sentándolo en una mesita con la maestra durante el momento del trabajo grupal o el desayuno, ya que son actividades que le cuesta mucho compartir sin conflicto,
sacarlo de la sala en los momentos en que pelea o lastima a un compañero, quedándose en la Preceptoría o la Dirección hasta calmarse,
tratar de dialogar con él después de sus arrebatos violentos para saber qué lo enoja.
Mientras tanto la maestra ha hablado con los padres, que tienen mucha dificultad para aceptar que el niño tenga ese comportamiento en la escuela; les ha solicitado que hagan una consulta con el Pediatra, quién indicó una visita al psicólogo para realizar un psicodiagnóstico y se está avanzando en ello, pero obviamente sin mejoras en el ámbito escolar.
La maestra se encuentra muy desbordada, al frente de un grupo muy numeroso, con un niño al que en muchos momentos no puede controlar y muchos niños que resultan lastimados por ese accionar, algunos en forma severa; a esto se suma la presión de los otros padres que, al recibir a sus niños lastimados, se enojan también.
B. no muestra dificultades a nivel intelectual pero el hecho de que no logre compartir las actividades del grupo hace que la maestra manifieste que cada vez puede “evaluarlo” menos.

Alguien puede pensar alguna propuesta??

sábado, 8 de agosto de 2009

Hablando de incluir...


Cuando se forma un grupo , cada niño, cada persona con necesidades educativas especiales será incluido en ese grupo escolar, de la misma manera que lo serán aquellos que no las tienen.
Lo interesante para pensar es que la oferta debería poder incluir a todos. Si el fin de la educación es acompañar, favorecer a toda persona en crecimiento para que pueda desplegar al máximo todas sus potencialidades como ser humano y social; decimos que cada persona desplegará SUS potencialidades, o sea que hablamos claramente de DIVERSIDAD en todas sus formas, ya que no habrá un ser igual a otro. La diversidad es inherente a los seres humanos y nunca falta a clase; y la escuela es el escenario privilegiado para trabajar con ella: diversidad de ritmos, estilos de aprendizaje, intereses, motivaciones, sentidos.
Surge acá lo que considero, (desde mi experiencia docente individual ) que constituye un gran impedimento (discursivo) que tenemos los docentes: “no fui preparada para trabajar con chicos especiales”; “yo soy maestra común”…
Ese discurso que al principio nos paraliza, de todas maneras logra que, aquella que se anima, haga luego cosas maravillosas con ese niño; pero en forma individual; es decir, estamos acostumbradas a “medir” los logros de cada niño en forma estandarizada y hacemos lo mismo con éste… ¡y además con los mismos estándares del común!... y entonces descubrimos que a éste… ¡le falta!!
Mirado así parece un razonamiento obvio ,que cae por sí mismo pero a veces pasamos medio año, observando y midiendo, para decidir cómo actuamos con él o qué le enseñamos sin darnos cuenta que ese medio año ¡le estuvimos enseñando!
¿Habrá algo que la escuela “puede hacer” para compensar las dificultades del alumno?
Subyace a esta concepción, la idea de que las dificultades de aprendizaje tienen un carácter interactivo (en el sentido de que dependen tanto de las características de la personalidad de los alumnos como de las respuestas educativas ofrecidas).
Esto se entronca también con una nueva forma de pensar el seguimiento y la evaluación de los alumnos, ampliando la mirada hacia cuestiones como la interacción grupal; que incluyen tener en cuenta elementos como conocimiento mutuo, tolerancia, establecimiento de acuerdos, intercambio de opiniones, y que seguramente deben ser evaluados integralmente.
Quizás hablar un poco sobre esto , nos despeje el panorama… no?